domingo, 20 de enero de 2013


An-atman impaciente


Cuando el cielo cae, el agua le abre paso en sus entrañas. Inmediatamente, seres acuáticos descansan para siempre entre aguas multicolores. La arena retrocede, entonces mi alma ingresa en partículas amarillas implorando renovación. Entonces recuerdo que no hay cielo. Entonces te encuentro a mi lado: alcalina e inmaculada. Entonces perdigo el rastro de mi esencia nauseabunda que cae junto a la lluvia por mis ojos. Siento el roce de mis pestañas al descender por el cerro anaranjado.

Las tomo y las entierro.

El agua se mueve lentamente, y aquel escenario inverso susurra mi nombre en penumbras. Imagino la infinita tierra de tu vientre acaramelado y su mano acariciando el sol sobre tu piel. Sobre mis pasos, que hoy me olvidan.



Que hoy arrastran


y destierran.



Por la ribera del río, el firmamento se despliega desde el fondo del líquido y la arena corre en mi búsqueda; sin embrago; aún me persigo. Un aroma a verano pinta con acuarelas mi voz vacía y sin volumen. Jala con sus pinceladas mi cuerpo estremecido, hambriento. Recuerdo tus brazos sin pasado. Recuerdo tu rostro entre la niebla. Recuerdo, y me lleva, el círculo de fuego azul con que laceraste mi memoria eternamente. 
Elevo la incertidumbre de un tiempo que desconoce su estado,

del tiempo que no existe

de la luz

del piso

de tu iris

de mi vida:

de mi vida en el piso de la luz; que no existe con frecuencia.

Y palpo centenares de trozos de vidrio que se escurren de las nubes y caen atropellados hacia el cielo del agua. Todos los tiempos, todos los tactos, todas las almas. Movimientos del cuerpo transitando, la figura implícita. Lo programo y todo comienza nuevamente.
Me abro paso entre mi boca, la arena, y los vidrios: pruebo el río con la punta de mi dedo índice. Las piernas se sumergen sin resistencia y abrazan las criaturas submarinas.

Abro los ojos: desempolvo finalmente una sonrisa. Nado, acortejada y decidida, bajo aquel cielo líquido y huésped del río. De la naturaleza irracional, que me sumerge entre burbujas azules y rojas del vidrio sobre mi piel.







                                                                                              m n m 
Te doy un beso, ojalá,
pueda besarte algún día

Te beso por si no te puedo
                                               besar









Francesca Woodman: “Mi vida en este punto es como un sedimento muy viejo en una taza de café y preferiría morir joven dejando varias realizaciones… en vez de ir borrando atropelladamente todas estas cosas delicadas…” (Carta a Sloan Rankin).


martes, 18 de diciembre de 2012

This is not. 







Magnanimidades


|Me deslizaba a través
de los arabescos del hierro;
en sus curvas y formas varias,
me estampaba contra el vacío.

Continuaba en el aire los dibujos del cemento;
de los muros, con sus huellas barrocas;
desmembrándome en una dimensión
que me desconocía.

Mi presión disminuyó
al límite de su mirada fría;
que me imputaba viviente.

Entonces abrí aquellas persianas inmensas
que postergan fulgores
de respiraciones arcaicas.
Con sus betas de madera marcadas de agua,
rasguñadas por el tiempo.

Y un balcón me esperaba.

Mientras la nada me rondaba,
mientras comprendía la oscuridad de aquel humo amenazante;
tomé el pasado entre mis manos y lo bebí.
Y me integró.

En el fondo, lejos,
la casa aullaba;
lloraba las horas en las que, alguna vez,
escribió versos desiertos;
hoy, inexistentes.

Entonces corrí y giré,
giré y corrí;
investigando sobre mí
los rescoldos de aquel ayer tan presente.

Y derramé mi esencia, mi cuerpo,
sobre sus paredes retrógradas
que imprimían voces en mi piel.

Incesablemente vuelvo a la época,
mi época;
porque sobra en mí
un futuro inútil.| 



m n m 

domingo, 18 de noviembre de 2012


.Cuando te sabés intervenida.




                                                                            .Cuando te sabés intervenida.
Diálogo


-Otra vez –me dice.
-Vuelve –le digo.
Aguardo. No.

Lentamente acerca su mano
y preparo el ayer.
Puede presentirse el contorno
de una figura expectante.
Triunfante.

Su fantasma retorna en pesares agudos,
me desvela e intuye la melodía última
en un día tan inmóvil.

Acá cerca, alrededor, todo parece dormir.
Cae sobre mí un manto estrellado
mientras el miedo crispa el líquido
que al viento solía mojar.

Nuevamente llueve y me mira.
Pareciera flotar,
pareciera limitar los cuerpos. 

-Tienes la pausa en tus manos –musita.
-Vuelve –le digo.
-Vuelve –me dice.

Supe alguna vez sepultar las aves muertas
y los minutos enterrar.
Supe cantar la voz muda.
Así todo, hoy, sólo miro.

-Piensa en el árbol. Él te espera –
-No lo siento llegar –lamenté.
-Cierra los ojos. Él te mira –



                                                                       m n m